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 Article publié le 19 novembre 2017.

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1
ANTÍDOTO

Coleccionaba móvil. Parecía adicta. Los había tantos. Hasta que un día sentada mirando a cada uno despaciosamente se queda inmóvil, como ida, casi se suspende en una idea. Se vio ahorcada.

- ¡Ah ! eso es la repetición-.
Se levanta, se mira al espejo, se dice, - no voy a prestar mi cuello para el espectáculo, se acabó la serie-
El reflejo se queda sin su presa.
La mujer juega con las ganas. Es el antídoto para esos instantes sin sonidos. Cuenta la situación cortantemente.
Sin ponerse irritable descansa de la perseguidora : ella misma.

2
CALLA

¿En mi infancia dónde estaba ? Una niña no quiere la recuerden. El dolor arrebata la memoria. Calla el espejo. No hubo tiempo para dar chance a la existencia del fantasma.
Es tan real la crueldad que no deja imaginar, ni borronear el sueño antes que se deshaga en el gesto.
¿Cómo será el enemigo ? Atrás de mi imagen en el espejo está la cara de la luna abriendo su trompa de loba.
No retorno al pozo. Cierra el párpado.
Sale el sádico, se pone la capucha para dar hachazos sin contemplación. Hace triza al tocador. ¿Ahora qué será ?
¿Dónde está la que se reflejó ? Una quedó afuera.
O parece.
 (¿Qué serías sin la espectadora ?)

3
DIBUJO

El dibujo da dentelladas. El cuerpo femenino cuelga. La boca del monstruo, deja casi nada. Muerde tritura, y traga. Cae un zapato. Se rasca la panza. Se lame.
Se echa al piso. Se pone a jugar todo pesado. Calza un dedo. Gruñe. Lo lanza asustado.
Su mano está libre de lo que parece una pesadilla. Vomita. ¿Qué pasa ?
La mujer borra el cuerpo desde adentro de la panza. Asunto simple. No me convence este banquete de enajenados.
Ambos desaparecen con brochazos sin contemplación.
La guerra sangra en alguna parte.
Echo tinta roja a la boca de la bomba…

4
ELEFANTE Y ABISMO

 
¿Qué sabes de mí que yo no lo sé le dijo elefante al abismo ? -tírate y lo sabrás- le contestó. La sombra estira la red. El precipicio cierra la trompa de la trampa.
El pintor rompe la ficción y libera la bestia.
Ella borra el abismo que vuelve a decir su enigma.
La que cuenta entra al papel a buscar al animal y al cazador que están al borde del vacío. Desarma la trama. Libera a todos de la historia que está atrapada en el pico de un cuervo que salió del poema de Poe.
Esta vez nadie se encuentra con el miedo agazapado en la bala que se esconde del misterio. La muerte parece una esfinge sin nariz en el sueño de Edipo.
Se escucha caer la pesadilla sobre la reja de una araña.
¿Dónde es que un elefante se mece antes de enredarse en la tela de la palabra… ?

5
LA ACTRIZ

A la actriz la metieron en la revista, la hacen caminar en la calle mental del escritor. Ella ve un cementerio, mira al hombre que está en la cantina preferida del soy. Toma una pose.
Déjate de tonterías, esto no es la vida le grita toda irritada. Aumentando su tono, le vocifera : tu corazón no sabe a nada.
El alcohólico eructa, rompe su pienso.
Al descuido sale asqueada, ¿qué saben de mí ? Piensa al filo del papel.
Garrapatea la pluma, se desparrama la tinta.
El espejo manipula el jaleo de una letra.
Sin más actuación, perfora la postura.
(Yo no me presto al juego. ¿Dejar que un pedante me diga lo que soy ?)

6
PERFORACIÓN

No tuvo tiempo de preguntarse si quería nacer o no. Simplemente la bala perforó el vientre, traspasó el útero, rompió la tela, atravesó la placenta y remató como tiro al blanco en el cuerpecito.
¿Lo demás ?
Sacan la bala perdida alojada en la mujer. Enmudece la soledad de ser.
El gatillo, la huella y el ataúd blanco.
La madre vaciada.
Vacía acurruca en su pecho la rayuela incompleta.

7
RESISTENCIA DE LA CARNE

La madre azotaba a la chica con éxtasis de creyente enterrándose silicios para ganar votos de castidad y prueba de duda. Para no dejarse caer en el puro gusto.
La una, la madre, tenía alma de carnicera, su cuerpo un acecho de melancolía y pena inclinada a sexos consumidos en el horror de la infancia atormentada en prohibiciones inentendibles.
La otra, la chica, cultivaba en su carne una resistencia silenciosa hasta la muerte de la sangre revuelta en el ancestro. Cada latigazo ajusta la cuenta de la desesperación del amor desaparecido ; en el intervalo del sueño disipa venganza sin oráculo. Afila el filo filial
La caja del cuerpo encierra todo grito.
El ruido refrenda la soledad del mundo. La ceguera brilla como nicho iluminado por velas a mitad del recuerdo. La soberbia altiva como sonrisa enterrada en una imagen tierna.
Cualquier mirada entre ellas : anzuelo prendido.
Las únicas palabras que pronunciaba siempre como eco, -la ignorancia es mi nudo y salvación-, parecía un enigma pegado en sus labios.
La quimera de una codicia se sacrifica en el cuerpecillo. Entre los altares de sus senos púberes y llanto : el fin del género. Al comienzo de su piel la cifra del dolor. El humor quiere jugar con el mar. Se cuartea la memoria como tierra reseca. Nada de agua fuente en el vientre.
Madre e hija dan lengüetazo al seno de la luna. Ambas incapaz de ceder. Sólo una podrá romper la alianza del tabú. Se miran como enemigas.
Repiten en coro, -el verbo se deshizo en la carne-.
Golpes de guerra se oyen. Las voces se desbordan. -En el principio fue mi madre y mi padre que era su padre también-. No hay paz en el cuerpo nunca.
La célula huye de la madre. El movimiento deja un trazo de vacio agazapado en el tiempo.

8
CAJA

La ola inmensa parece una curva perfecta, una cueva uterina. Cascara espesa, tono púrpura negro. El rompeolas se repliega en el vacío. La soledad estalla.
Estoy bajo la casa, ahora sí me perdí. Aparezco flotando dentro de una caja sellada. Me siento a salvo en esta cosa. Adentro nadie me toca. Aspiro sin dificultad. Me dirijo a mí. Reacciono. ¿Por cuánto tiempo podré respirar ?
La asfixia no me despierta. No puedo moverme. ¿En ningún lado hay salida ?
El tsunami dentro de mí.

9
PANÓPTICO

El cuerpo en el retén. La peste adentro y afuera. La vigilancia también. Quién hace un muro entre nosotros. Te aíslan de la sombra del otro para que no se contagie el día.
La guarnición camina en tu cerebro. Tu guarida es bombardeada. Tu guardia está muerto. Quién bota tu cuerpo en la fosa. La guerra te alcanzó adentro.
Y te creías en paz. Ahora sí podrás estarlo. Apesta esa banderilla blanca que brota por tus sesos dispersos en el mapamundi.

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