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“No hago nada sin alegría” : ésta es la frase de Montaigne que recordaba Borges en una preciosa conferencia sobre el libro incluida en Borges oral, que leí adolescente, como su poesía y ya tantas cosas que desde el principio de mi amor por las palabras me acompañan. Borges citaba esa frase de Montaigne y recordaba también que su hermana Norah (a la que Roberto Alifano ha dedicado un justo y acertado artículo) contestó a la pregunta de qué era la pintura con la respuesta que era el arte de dar alegría con las formas y los colores. Borges nos hablaba del absurdo de la lectura obligatoria, porque la lectura, los libros son una forma de felicidad, y no cabría hablar de felicidad obligatoria. También lo es la literatura, la poesía, el arte de las palabras. La literatura es una felicidad y una alegría, como lo es la amistad, que Borges consideraba que era una pasión argentina, en célebre y por él querido título. El amor por las palabras nos puede traer a veces una especial felicidad, una especial alegría. Lo es para mí y también para todos el que esté con nosotros Roberto Alifano. Es lo primero que quiero decir. La alegría y la felicidad que me causa este encuentro con él, por lo que es y significa y representa. Esta frase de Montaigne y la frase de su hermana Norah Borges las decía en una conferencia, y en ella las leí adolescente. Como su poesía. Borges decía que él se sentía fundamentalmente poeta, y que lamentaba que los demás no compartieran este parecer. Que es una verdad y un pensamiento. He dicho siempre que yo sí lo comparto, en muchas ocasiones. He recordado que en un texto titulado “Los dos Borges” Ernesto Sabato sostuvo la opinión, que entonces pareció original, que el Borges más valioso y que más perduraría no era el admirado autor de narraciones y de juegos del intelecto sino el Borges más íntimo que está en los poemas. Así es. También lo he recordado con frecuencia, por compartir por completo este parecer. Puede mostrar que es así el texto titulado “Los dos Darío, los dos Borges”, que publicó el escritor nicaragüense Sergio Ramírez en su revista Carátula. Es un complemento a la conferencia sobre Rubén Darío y la Generación del 27 que tuve el atrevimiento de impartir en distintos lugares y entidades culturales de Nicaragua, y que publicó la Academia Nicaragüense de la Lengua en su Repertorio dariano. Reflexiono, al repasar el texto en busca de erratas -que eran su única esperanza respondió Borges a la pregunta de qué pensaba de ellas recordaba le oí decir a Juan Goytisolo en la Universidad de Barcelona cuando yo aún iba al colegio-, sobre el aspecto que he querido destacar, el Rubén Darío más existencial, melancólico y triste, que me parece el más profundo y más verdadero, y recuerdo este artículo de Ernesto Sabato, que me envió una carta muy generosa y muy rotunda desde Santos Lugares después de que Matilde le leyera poemas de mi primer libro, y los pongo en relación y de algún modo hermano, y por esto están de este modo en el título de mi texto –“Los dos Darío, los dos Borges”-. Este Borges más personal e íntimo y que es el que más me ha acompañado y llega es el que está en sus poemas, sí, pero de algún modo está -también lo he señalado en ocasiones- en sus ensayos, y en las formas menos formales y más espontáneas de éstos. Como pueden ser los diálogos y las conferencias. Así esta frase de su hermana en esta conferencia nos llega, como algo íntimo y personal, y también así lo hace la de Montaigne, porque la lectura también es personal y es íntima, la lectura es una felicidad y los libros un diálogo y una amistad. Ernesto Sabato y Jorge Luis Borges publicaron un libro de Diálogos entre los dos. Los Diálogos de Borges me han acompañado siempre, como sus conferencias y su poesía. Menciono algo dicho en uno de sus libros de Diálogos en un poema, que empieza así : “Para un verdadero poeta, todo momento debería/ ser poético, dice Borges en un libro de Diálogos”. He dicho, y creo que es cierto, que lo que es profundamente verdad acaba por hacerse poema, por estar en los poemas. Así Borges, como vemos, en los míos. El Borges personal e íntimo de deslumbrantes y bellísimas afirmaciones en las formas de ensayo más espontáneas y menos rígidas, y el Borges de sus poemas. Ante todo la poesía. “Poesía y memoria” titulé a un texto que escribí acerca de mi relación tan personal, que siento tan unida a mi vida, que tengo con la poesía de Borges. Se publicó en Francia y se incluyó en un conjunto de textos dedicados a escritores hispanoamericanos que con el título “Lecturas hispanoamericanas” publicó en su revista la Real Academia Hispano Americana de Cádiz. En junio de 1987, esta Academia distinguió un artículo que había publicado en la revista El Ciervo dedicado a Antonio Di Bendetto en el Premio de Periodismo que convocaba y concedía. El primer libro de Antonio Di Benedetto que leí fue un libro de cuentos, Caballo en el salitral, e iba precedido de las cartas de tres grandes nombres de las letras argentinas -Borges, Cortázar, Mújica Lainez-. La carta de Borges terminaba de esta manera : “Espero reanudar, aquí o en Europa, nuestro diálogo”. Siento que hoy aquí, en el Ateneo Barcelonés, estoy reanudando un diálogo con él, que ha durado toda mi vida, gracias a este encuentro con Roberto Alifano, que es presencia y memoria de sus diálogos con él. Los diálogos, las conferencias, la poesía. Ante todo -y así hay que decirlo de y en Borges- la poesía, que por otra parte vertebra y está detrás de todo lo que escribe el gran autor argentino. En ese conjunto de ensayos titulado “Lecturas hispanoamericanas” que publicó como tal conjunto la Real Academia Hispano Americana de Cádiz podemos encontrar muchos nombres, pero creo que con ninguno mi relación y diálogo con su obra ha sido tan personal y tan constante como los que he sostenido con la de Borges, y el texto a él dedicado, a él y su poesía y cómo forma parte de mi vida, este texto titulado “Poesía y memoria” lo atestigua. La poesía es la puerta por la que entrar en Borges, y es una puerta tal que yo la he entendido para abrir el diálogo y exposición a la literatura toda. Así la he empleado. Impartí unos años una asignatura optativa de Literatura en la Facultad de Derecho de ESADE. Era consciente que estos alumnos lo eran de la Facultad de Derecho y no de Filología, en principio se habían matriculado en otros estudios -que yo conocía y conozco, pues también los había cursado-, y pensaba por ello que la primera clase de introducción y presentación de la asignatura tenía una especial importancia. Para hacérsela atractiva, claro está, pero también para que les permitiera comprender qué era la literatura y ésta les llegara. Para esa clase introductoria realicé una selección de los sonetos de Borges y también de algunos poemas de Manuel Altolaguirre, y ese primer día de la asignatura los leía. No creo así que la poesía sea difícil y no pueda llegar, incluso a quien en principio no se ha apuntado a unas clases en las que esperara encontrársela. “La poesía no es algo extraño : está acechando, como veremos, a la vuelta de la esquina” dijo Borges en la conferencia “El enigma de la poesía”, y al doblar la esquina que era esta primera clase de Literatura en sus estudios de Derecho mis alumnos se encontraban con una selección de los sonetos de Borges como puerta por la que entrar en ella. Porque creo que no hay mejor puerta. Roberto Alifano nos trae la memoria, la memoria viva de ese Borges personal en su trato diario e íntimo, Borges también en él y en esa memoria de la poesía. “Fue algo maravilloso trabajar con él, un verdadero don que le debo a la vida” ha dicho Roberto Alifano, y en esa amistad y colaboración los diálogos y la poesía, la traducción. Roberto Alifano ha traducido con el gran poeta argentino a Robert Louis Stevenson y a Herman Hesse, ha realizado diálogos con él en muchas ocasiones, lo trató en su intimidad. El Borges más personal e íntimo que es el que a mí más me llega y el que yo más quiero y encuentro en sus poemas y diálogos y conferencias tiene una memoria y un testimonio privilegiado en Roberto Alifano, y es por esto que es una dicha además de un honor tenerlo hoy aquí con nosotros. No podríamos hacer nada con más alegría que este encuentro con él aquí, en el Ateneo Barcelonés, lugar en el que Rubén Darío recitó su “Canto a la Argentina”. Roberto Alifano es memoria y testimonio de Borges y figura en las letras también por sí mismo. De esta colaboración con Borges a través de los diálogos que realizaron los dos escribió este contundente y bello testimonio Octavio Paz : “He disfrutado la lectura de sus diálogos con Borges. Usted es su gran interlocutor. Como Boswell con el doctor Johnson, nos allana el camino hacia ese Borges conversador y lector. Usted, Roberto, es el Boswell de nuestra época”. Roberto Alifano nos trae a Borges y también a Argentina y a una constelación de grandes autores que han sido importantes para todos : Julio Cortázar, Ernesto Sabato, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo. En un prólogo a los cuentos de Cortázar, Borges cuenta cómo vino a entregarle su cuento “Casa tomada” para la revista que dirigía, y que cuando volvió a la semana le dijo que estaba en imprenta, y que iba a publicarse con una ilustración de su hermana Nora. Nos cuenta que muchos años después Julio Cortázar le confesó en París que fue su primera publicación. Borges nos dice : “Me honra haber sido su instrumento”. Roberto Alifano es el instrumento por el que está vivo Borges y su memoria y esta gran época de la literatura argentina, que ha dado estos nombres brillantes. He destacado siempre el muy especial valor que tiene para mí Silvina Ocampo, la sutileza que veo y siento en su escribir, la originalidad que hay en su voz tan personal. En sus cuentos, y en los poemas. (Al poder leer los poemas sentí que estaban hermanados con los de Borges. Borges decía que en última instancia su poesía provenía del modernismo, “esa gran libertad, que renovó las muchas literaturas cuyo instrumento común es el castellano y que llegó, por cierto, hasta España”. Sentí sus poemas y los de Silvina Ocampo hermanados en ese común origen y en la personal continuación que encuentra y tiene, con los que se da en los poemas de uno y otra). Encontré una edición de un libro de conversaciones con Silvina Ocampo y también lo leí. Es de lamentar la no fácil comunicación entre los libros españoles y argentinos, que no resulta justificable ni comprensible. Muy joven leí un libro de conversaciones de Adolfo Bioy Casares, Adolfo Bioy Casares a la hora de escribir. En una presentación de uno de mis libros en el Centro de la UNED de Barcelona y por tener ésta lugar en la sede que tenía entonces en Barcelona, y que era el pabellón de las antiguas cocinas de la Maternidad, me complací en recordar cómo Bioy dice en ellas que escribir se parece a cocinar, porque consiste en poner en cada momento de la composición las palabras en cantidad suficiente. Algo que no se puede saber ni determinar en qué consiste y cuál es de antemano y sólo la sensibilidad y el instinto escogerán. Francisco Rico eligió como libro de una vida, como lectura de una vida, el libro Borges de Adolfo Bioy Casares. Rico daba una razón, y es que a su parecer las ocurrencias de Borges daban para ser la lectura de una vida. En algún momento de ese libro Adolfo Bioy Casares piensa que quizá Borges sospecha que él está escribiendo y compilando ese libro, y piensa en Boswell, en quien pensó y al que se refirió Octavio Paz en relación a Roberto Alifano. Adolfo Bioy Casares publicó un curioso libro, De jardines ajenos, en el que reúne textos o fragmentos o noticias de otros que le han llamado la atención. No me gusta la palabra ocurrencias para las bellas afirmaciones que me han acompañado siempre de Borges, y pienso que podría compilar con ellas un texto que debería titular “De jardines propios”, pues tan mías las siento, y tan ligadas a mi vida, y sé a la vez que son de Borges. Pero forman parte de mi vida y de mi sentir y comprender y ver las cosas como escritor. Estas afirmaciones de Borges que siento ya mías y me llegan especialmente pueden encontrarse en muchos textos míos, y, lo he dicho, también, y unidas a su nombre, en mis poemas. El pasado día 15 di una conferencia en la UNAM, que titulé con una formulación que podía encontrarse en un poema mío –“La poesía es tierra libre”-, y recuerdo que di título a otra en relación a unas palabras de Borges, que dijo en unas rescatadas conferencias que impartió en Harvard y constituyeron el libro Arte poética. El título de mi conferencia era “Mirar a las estrellas” y provenía de las siguientes palabras que dice Borges en una de esas conferencias : “Siempre que he ojeado libros de estética, he tenido la incómoda sensación de estar leyendo obras de astrónomos que jamás hubieran mirado a las estrellas. Quiero decir que sus autores escribían sobre poesía como si fuera un deber, y no lo que es en realidad : una pasión y un placer”. Creo que Borges nos ha hablado siempre con pasión de la poesía, y es por ello que nos causa placer y nos acompaña lo que de ella nos dice. Nos vuelve a acompañar hoy aquí con Roberto Alifano, y el que sea sí nos da una gran alegría. En una conferencia que di en Amics de la UNESCO de Barcelona recordé al Borges joven que al publicar su primer libro, que pagó su padre, y pensar que no sabía a quién le podía interesar ni querer leer el primer libro de un poeta joven, pensó en dejarlo en los bolsillos de los abrigos que colgaban en el perchero de la redacción de la revista Proa, una revista que retomó y dirigió con acierto Roberto Alifano y continúa. Lo recordé porque me hizo pensar que con parecido ánimo metí yo en sobres ejemplares de mi primer libro con destino a escritores y críticos. Aquel Borges joven quería ser moderno y ser argentino. Confesó en la madurez que buscaba en diccionarios de argentinismos los que empleaba, y optó por escribir en el castellano más transparente, por pensar que teníamos que resaltar nuestras afinidades y no nuestras diferencias. Nos dijo que es vano empeño querer ser hijos de nuestro tiempo, porque todos inevitablemente lo somos. En cuanto a ser argentino, no dejó por ello de serlo, sino que hizo más cercana esta condición. Algo que por él sabemos no se puede definir. El arte con que maneja las palabras, su sensibilidad y su inteligencia hacen que no haya decaído de ningún modo y que por estos dones excepcionales su tiempo siga siendo el nuestro. Borges es un autor de la literatura universal, con una especial vinculación con Europa, aunque no excluye su comunicación con otras culturas, y a la vez es voluntaria, irremediablemente argentino. Roberto Alifano residió en Chile y colaboró con Pablo Neruda. Un escritor amigo, Miguel Delibes, en un artículo contraponía la expresión ceñida de la poesía de su paisano Jorge Guillén (que era quizá el mejor entre los poetas del 27, según afirmó Borges) con la amplitud de la de Pablo Neruda, y quería ver en estas expresiones manifestación de los rasgos que caracterizan a Castilla y a América. Borges es argentino y es de todos y Pablo Neruda es chileno y es también de todos. Creo que a pesar de esta apreciación, que tiene que ver más con un carácter de expresión literaria, Miguel Delibes estaría de acuerdo con esta afirmación. Tuvieron un bonito encuentro él y Ernesto Sabato en su ciudad, Valladolid, la ciudad también de Jorge Guillén. Pablo Neruda también es de todos y forma parte de nuestras vidas y nos ha llegado la expresión en él del amor, y ha llegado para todos. Así lo creo. El otro día publicaron en Hispanista, Primera Revista Electrónica de los Hispanistas de Brasil, en la que colaboro desde el principio de su andadura, unos poemas de mi libro Poesía en Roma. No sabía qué poemas iban a publicar. Los eligieron ellos. Y estaba el primer poema del libro, que empieza con un conocido y universal poema de Neruda. Así que ese libro mío empieza con el poeta chileno. Creo que Pablo Neruda, como Borges, son un principio para todos. Es también una alegría el que Roberto Alifano nos traiga la memoria de Pablo Neruda y sea de él testimonio. Al recibir un premio en Roma, Borges dijo que todos somos ciudadanos de Roma. Es verdad, y lo recuerdo en algún poema de los dos libros que en ella he escrito. “Al fin me encuentro con mi destino sudamericano” dice un célebre poema de Borges. Pero Borges también nos ha dicho que los sudamericanos son europeos en el destierro. Creo que de algún modo pueden hermanarse Borges y Pablo Neruda en este aspecto, al menos en cierta medida, pues son autores por completo hispanoamericanos, sus cumbres, y además los sentimos nuestros y forman parte de la vida de todos. Recuerdo otra aseveración e historia de Borges que se hizo poema, pasó, quiero decir, a constituir un poema mío. Lo he contado en ocasiones, y está también en ese poema. Para mitigar un largo trayecto en autobús, Borges escogió como lectura la Divina Comedia. En italiano, un idioma que en principio no conocía. No tuvo ningún problema con esta lectura, y en una ocasión en la que se encontró con uno de los traductores de la Divina Comedia al castellano le censuró por haber realizado esta actividad, pues fomentaba la superstición -dijo- que italiano y castellano son dos idiomas distintos. Muchas veces que me he referido a esta aseveración de Borges he dicho que podemos verla como una boutade, pero que como muchas veces pasa con ellas también es una verdad, y he señalado la gozosa comunión en el sentir que se puede percibir en las lenguas hermanas hijas del latín. Está en el poema al que me he referido, y en ocasiones que he comentado un poco más in extenso este tema de las lenguas he indicado que podrían aducirse otros testimonios que se podrían hermanar con el de Borges. Leía el otro día a Salvador Espriu, y algo de él escribía. Recuerdo que encontré un testimonio de igual tenor en una de las notas finales de su Les roques i el mar, el blau, que creo que es un libro que Borges hubiera apreciado especialmente. Las lenguas a las que se refiere Espiru en esta nota son el catalán y el veneciano, pero el juicio respecto a la fraternidad tan estrecha entre las lenguas que cabe entenderlas es idéntico. Así nos dice Salvador Espriu : “A “Dànae”, es parla amb gran candor en dialecte venecià. Tot el que es diu, que és molt clar i que ara no passem al nostre vernacle per no ofendre la intel.ligència de ningú, s’apuntala en la gran autoritat literària de Goldoni, espigolant-lo d’aquí i d’allà”. No recuerdo esta pertenencia a Europa y esta cuestión de las lenguas hermanas, entre ellas el italiano o sus formas, porque sí. Tras tener la bondad de leer el texto que escribí sobre Gesualdo Bufalino, Roberto Alifano tuvo la aún mayor bondad de escribirme y darme las gracias por recordarlo. Me decía en su gentil mensaje que conoció a Bufalino y deseó traerlo a la Argentina. Que le dijo que él era sobrino nieto de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, el autor de El Gatopardo, y que esto le emocionó mucho. Está en sus notas biográficas, y en ellas puede leerse que muy joven viajó por Italia para reencontrarse con esta parte de su familia. Al responderle le dije con toda sinceridad que a mí también me emocionaba que fuera sobrino nieto de Tomasi, en especial si recordaba la pasión que mi padre tenía por El Gatopardo y cómo nos hablaba de este libro de niños. Le referí también que cuando leímos aquel artículo del ABC por el que tuvimos noticia de Bufalino, mi padre comentó que debía ser el apellido catalán Bufalà italianizado. Le decía que muy bien podía ser, pues conocía bien la relación entre Cataluña y Sicilia. Añadía que en mi texto citaba a mi amiga la filóloga Carmelita Ferreri, que es de Ragusa, y le decía que su padre era del mismo pueblo que Bufalino, de Comiso, y que como es obvio tiene un apellido catalán, Ferrer, italianizado. A través de los caminos misteriosos de la vida y en la persona de Roberto se han vuelto a encontrar Cataluña y Sicilia. Porque Roberto Alifano tiene nietos catalanes, y también por haber venido a estar con ellos estos días está hoy aquí con nosotros. Roberto Alifano es un europeo de un lugar en que están las raíces culturales de Europa, como es Sicilia, y desde un punto de vista familiar la representa hasta tal punto que es algo que nos conmueve. Y es un argentino universal como son universales los grandes escritores argentinos con los que ha tenido un trato de amistad, y una privilegiada colaboración y cercanía. Es la memoria viva de Borges. Roberto : bienvenido a Barcelona, en la que Borges me firmó Los conjurados y su Poesía en el Paseo de Gracia, en la que estás en tu casa, en este Ateneo Barcelonés en el que Rubén Darío recitó su “Canto a la Argentina” y al que le agradaba venir a Federico García Lorca, que quiso tanto y supo sentir tan bien a Buenos Aires. Estamos en el Aula Maria Mercè Marçal que tiene en él la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña. Quiero apuntar que Roberto Alifano es el vocal de cultura de la Junta Directiva de la SADE, la Sociedad Argentina de Escritores, que presidió Borges. Aquí, en esta Aula de nuestra Asociación de Escritores que en este acto de hoy te acoge y siento se hermana con la SADE, en el Ateneo Barcelonés te digo que no puedes ser más bienvenido y así queremos que te sientas en casa. El que estés entre nosotros lo sentimos como un honor y el haber combinado que esta tarde podamos tener el lujo de tu compañía me hace volver a la manera con la que empecé estas palabras, y poder decir sin ninguna duda que acompañarte es algo que no puedo hacer con mayor alegría.
Barcelona, 8 de octubre de 2024
1 El 24 de octubre de 2024 iba a tener lugar un encuentro con Roberto Alifano en el Ateneo Barcelonés, en el Aula Maria Mercè Marçal que en él tiene la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña, y así la ACEC lo anunció. Roberto Alifano nos iba a hablar de Borges y Pablo Neruda y su colaboración con ellos, y yo iba a presentarlo. Unos días antes escribí un texto, con el título “Palabras con motivo del encuentro con Roberto Alifano en el Ateneo Barcelonés”, pues sentí que leer un texto era lo que la ocasión requería. A último momento a Roberto Alifano no le fue posible venir a España. Teníamos ambos el deseo de que este encuentro sólo se aplazara y pudiera hacerse en otro momento, y lo tenemos. Una intervención posterior en el Monasterio de San Jerónimo de la Murtra, que desde su título tenía presente a Borges, me hizo recordar estas palabras que escribí, y en otro texto borgiano me referí a ellas. He pensado que podía pasarlas al ordenador -escribo a mano-, para que, en primer lugar, pueda conocerlas Roberto. Y pueda también conocerlas quien las quiera leer. |
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Commentaires :
Santiago Gracias por tu brillante escrito. No me animo a decir cuál será el Borges que más trascienda. Siempre la poesía es una modalidad para menos gente. Pero creo que lo importante es que sigue inspirando a otros ; algunos, tan competentes como tú. En otro orden, debo muchísimo a Roberto Alifano. No me refiero a bienes materiales, sino a mundo literario y cultural que me abrió. Saludos, Raúl